Atom Egoyan recibirá homenaje en FIL Lima 2017

Atom Egoyan recibirá homenaje en FIL Lima 2017

Dueño de una vasta filmografía y de una de las carreras más respetadas dentro del cine independiente, además de haber sido nominado al Oscar entre otros premios, Atom Egoyan llega a Lima para recibir un homenaje en el 21 Festival de Cine de Lima. Descendiente de armenios, Egoyan nació en El Cairo en 1960, pero creció y se educó en Victoria, Canadá.

Estudió en la Universidad de Toronto, donde realizó algunos cortometrajes. Trabajó para la televisión canadiense y debutó en el largometraje con Next of Kin, en 1984. Desde entonces, su carrera fílmica mantiene continuidad: ha realizado 17 películas de larga duración para el cine o la televisión. También ha dirigido puestas en escena de espectáculos de teatro y óperas, así como diversas instalaciones artísticas.

Dos asuntos recorren las películas del realizador: los riesgos del mirar y los avatares de la memoria. El primero está estrechamente asociado a la naturaleza del cine y de su dispositivo esencial, que propicia el acto de ver. El segundo, a los traumas de la historia o a las fatalidades provocadas por el azar.

En sus películas iniciales, como Family viewing (1987) y Speaking parts (1989), las imágenes analógicas y las de vídeo no son instrumentos que faciliten la comunicación. Se convierten más bien en herramientas que descubren juegos de poder, exhibiciones incómodas, claroscuros en las vidas de parejas, secretos familiares.

Con un estilo de frialdad impávida, Egoyan penetra en zonas densas y atmósferas enrarecidas que sitúan al espectador en el terreno de la extrañeza y de la suspensión del sentido. Sus relatos dosifican las informaciones, entregándolas a la manera de fragmentos que es preciso colocar en los lugares correctos. La opacidad de las acciones y el carácter ritual que adquieren los gestos, posturas y movimientos de los actores en los encuadres incitan a la mirada atenta.

Títulos como El liquidador (The Adjuster, 1991) o Exótica (1994) prolongan esas características, abriendo el mundo del realizador a las representaciones del deseo y la crueldad, tal como se encarnan en películas como El viaje de Felicia (Felicia’s Journey, 1999) y Chloe (2009).

Egoyan ha declarado que uno de sus cineastas preferidos es Alfred Hitchcock, que imaginó situaciones similares. Pero a diferencia de “Hitch”, experto en identificar a los espectadores con el punto de vista de sus personajes, Egoyan evita la fruición voyerista, apostando a la distancia.

Los actos violentos son mediados por la conciencia de la representación, acaso por un personaje que mira a la cámara y nos interpela, como ocurre con el Bob Hoskins de El viaje de Felicia. A su turno, el sexo se representa como una suma de actos que parecieran desarrollarse en el interior de una campana neumática.

El dulce porvenir (The sweet hereafter, 1996) y Ararat (2002) convocan a la memoria. En la primera, la aflicción causada por el duelo marca cada una de sus imágenes. Un accidente de carretera deja sin niños a una pequeña población canadiense. La película describe el clima que sobreviene, la atmósfera invernal del luto, los gestos de la melancolía y las reacciones frente a la pérdida. La quietud se impone y los silencios se prolongan.

En Ararat, Egoyan trata de la persistencia en la memoria de un hecho traumático, el genocidio contra el pueblo de sus antepasados cometido por los turcos entre 1915 y 1923. Pero la película no es una reconstrucción lineal de lo ocurrido, sino una puesta en abismo, en la que el cine habla del cine y la memoria se ofrece en forma de un laberinto especular, de reflejos sobre reflejos, de historias sobre historias, contadas de padres sobrevivientes a hijos herederos de la posmemoria.

La trayectoria de Atom Egoyan, como la de otros cineastas que empezaron en la década de los ochenta, ha sido amplia, experimentando con formas de producción diversas: el cine independiente, el modelo del cine de autor, la producción de mayores recursos y actores conocidos como Julianne Moore o Liam Neeson. También incorporando a su obra algunos elementos genéricos, como los del thriller. Una diversidad que encuentra un punto constante en sus películas: la presencia de la actriz Arsinée Khanjia.